miércoles, noviembre 04, 2009

SIGNOS DE INTERROGACION

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Me es conveniente, mientras lengüeteo la sal de las conmisuras de mis labios, escribir lo que tu partida ha hecho crecer en mí. Antes de proseguir, deja que tire las colillas que apestan a noches de insomnio ¾Listo ¿Qué ha crecido en mí? La incauta intuición por cuanto he anhelado, entre risas y llantos. Pero no las que pudieran nacer del momento en que te cuento lo que me cuento, no, sino aquellas que, aunque idas, aún construyen nuestra historia ¾Me arde la imagen de tu ausencia. A lo largo de siete años, es esta ocasión, precisamente, la más cercana a la temible lejanía que en algún lugar de mi cerebro contemplo como fractal, como realidad alterna, como afluente de nuestro amor y ¡qué importa! Si al final igual duele el corazón que se derriten mis lagrimales. Si te vas a enterar de mis fantasmas, no es lo más importante en comparación con la enorme necesidad de expresarlo, necesidad que en algún momento simboliza y anquilosa el vínculo de nuestra pasión.
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Te quiero contar que ayer llovió, no porque la lluvia sea en si sorprendente, mucho menos en septiembre, lo que pasa amor es que se mojaron mis neuronas ¾ si me permites la licencia. La humedad me provoca pensamientos, ni buenos ni malos, pensamientos emergentes de realidades jamás pensadas o al menos dichas por mí. Igual llegan que se van, lo que no se va es la indolente insistencia de volver a empezar. Te cuento de la lluvia porque a fuerza de estar lejos, tú de mí y yo de ti, he notado que cosas tan triviales como el cambio de horario entre Londres y la Ciudad de México me provocan reflexiones gimnásticas. Me burlo de mí mismo al pensar que al momento de acostarme tu estás lista para despertar, entonces me pierdo en la reflexión de las múltiples posibilidades ¿cómo entender que mientras yo duermo, tu empiezas un nuevo día?
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Ayer salí a buscarte con mis cinco sentidos, busqué tu olor, toqué tantas pieles, tomé café donde siempre, buscando inútilmente el pretexto para comprar los capuchinos que te vuelven loca mientras escuchaba la voz del viento desde la silla que siempre ocupas. Sobre todo, mire al cielo, preguntándome si en ese preciso momento tú también, por casualidad, lo harías.
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¡ Porqué carajos no traje algo con que cubrirme de esta estúpida lluvia! Fue lo primero que pensé mientras contemplaba la melancólica apariencia del paisaje, que ante muchos, porque tú eres mi mundo, podría parecer una postal demasiado ordinaria y triste. Tan sólo deberíamos pensar que se trata del otro lado de la alegría, algo demasiado profundo para comprenderlo ¾susurré a manera de reproche mientras contemplaba el callado juego de las gotas de agua que quedaban atrapadas en el cristal, deformando todo lo que se encontraba del otro lado. Aquel lado, húmedo y frío, desolador a simple vista, pero que guarda en sus entrañas a la vida misma. A pesar del frío, de la aparente soledad, de la lluvia, la simple idea de vida alberga en mí la sensación de una cálida humedad. ¾Cálida humedad, cálida humedad, cálida humedad... No sé por qué me detengo tan impetuosamente en la última frase de mis pendejas ideas ¾que a lo mejor ni tanto, pues la simple mención de dos palabras, embriaga todo mi pensamiento, acentúa por instantes todo lo que siento, recorre mi piel con una exquisita sensación de placer desenfrenado. No sólo son dos palabras, es algo más profundo, algo que cala hasta el último rincón de mis recuerdos, de mis emociones, algo que está ahí mismo pero que no sé reconocer. Esa plenitud que calma la inquietud de libertad, las sensaciones a flor de piel. Cada gota que resbala por el cristal es una partícula de vida ¾¿porqué no? A caso no eras tú para mí la humedad que tanto necesitaba. Tus brazos, el refugio perfecto para alguien que no conoce de sedentarismos y anhela estúpidamente la jaula de su libertad. Ahora en mis manos está la vida, cada gota que resbala desaparece entre mis dedos. ¡Te maté! Y el cielo lloró por mí. Después de todo, me sentí culpable, hasta me negué la posibilidad de sentir dolor, sólo pude lidiar con la culpa inventando cuentos para resucitarte, ¡cielos! Estás tan lejana y yo con tantas dudas...
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A veces te resucito imaginándote incesantemente etérea, intocable, siempre rodeada de miradas desgarradoramente lúdicas. Con cada recuerdo se desvanece poco a poco la imagen de tu cuerpo desnudo tenuemente iluminado, entre cadenas y cueros negros flagelantes, entre tantas manos que intentan acercarse hacia donde tus ganas emergen frenéticamente. Al contemplar lo que sería tu rostro, me asusta la sonrisa de tus labios cuando dicho frenesí agrandado, carnal, que se humedece entre espasmos y contorsiones más bien provocativas que inherentes a cualquier ritual mecánicamente ensayado, incita en aquellos cuerpos desnudos la angustia más desorbitante. Yo sólo observo sin poder hacer nada, aunque me duela, aunque mis ganas lastimen tus pechos por no tocarlos, por alejarlos de mis besos. Pulsiones libidinales que flexibilizan realidades y las confunden con matices de locura pasional. Aquellas manos, por más que intentan, nunca logran alcanzar al objeto del deseo y la ira arranca sus miradas. Entonces yo, aunque absurdo desfallezco, me empeño en transgredir aquel recuerdo, tuyo y mío, como si por fuerzas pudiera materializar lo que se desvanece bajo cada recuerdo, tu cara, tus labios y al fin, sentir mis ganas fundiéndose en las tuyas. Sin embargo, hasta en tu ausencia me doblego cediendo mis fuerzas ante la certeza incauta de que fue tu nostalgia, si bien lejana, la que siempre golpeó incesante mi enarbolada fortaleza, la que nunca dejó ¡en verdad te lo digo! que llegara más allá de tus negros ojos, a pesar de que mi corazón escuchaba inquieto los ruegos del tuyo mientras nuestros cuerpos se descubrían impávidos ante lujuriosas miradas, cuando al compás de su propia música lamíamos desesperadamente cada espacio de nuestras pieles sin dejar resquicio virgen. Todo es tocado por aquellos húmedos deseos y entonces nuestras manos, una contra otra, como si estuvieran colocadas frente a un espejo, danzan incautas, encontradas, transmitiendo por los poros mucho más que impulsos eléctricos. Es tal complicidad, tan prohibida como nuestros deseos, la que marca impulsivamente el ritmo de nuestros roces, de las caricias mutuas, y la que de alguna manera, aprisiona frenéticamente la impasividad de nuestros cuerpos.
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De nuevo la incauta certeza lo derrumba todo, porque siempre lo supiste: “ lo mío es la nostalgia y no importa cuánto me pueda quemar, entre más intensa, más disfruto mi tristeza” ¾explicaste. “ Tal vez sea egoísmo, pero nunca que no te quiera amar como a mí misma, pero, ¿cómo dejar de ser? ¿Cómo apartar de mí lo mío?, cómo crees amor, si la nostalgia me invadió justo cuando vi la luz del mundo” ¿recuerdas? Al fin dicho, el último día del resto de nuestro amor. Siempre buscamos desenlaces caóticos en los últimos días, y mira que nuestra historia esta repleta de últimos días. Ahí nos desgarramos con palabrerías ofensivas, defensivas, en llanto y en gritos, porque, por contraste, la reconciliación nos sabe más dulce, más fuerte. Y entonces en nuestros cuerpos se desata una lucha de sucesiones lúdicas donde al menor descuido se abren orificios y penetran húmedas caricias. Sólo pierde aquel que se descuida o que quiere perder, y al fin, quién de nosotros dos sucumbiría ante la ilusión de tener por breves instantes el poder del otro bien dentro, en una intrusión que lejos de parecer derrota es la apremiante vanalización de nuestras mieles. El pozo de mi dolor.
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Una vez más resucitada, vuelta a la vida por la ansiedad de mis culpas, vuelve la calma que te otorga vida. Ya sereno, repaso cada línea de nuestra vida para darme cuenta de que nunca pude amarte, no como hubiese podido, al igual que nunca tú pudiste hacerlo: “no te amo como creía, no como tú quisieras ser amado, sin embargo, no puedo perderte, te necesito más allá de cualquier pretexto lógico”. Entonces, ya no eres tú quien yo necesito, desde lejos y envueltas con brisa marina lanza tus mentiras, miente y di que nunca dejarás de amarme, miente y márchate lejos, para jamás volver.
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De haber cruzado el océano Atlántico mis palabras o en la mera imaginación de tu presencia cuando imaginé el repaso de nuestra vida, ahora nuestras vidas, habría podido anticipar nuestra reacción ante lo acontecido. Para empezar, la arruga de tu frente me hubiera prevenido de tu enojo por lo que dije, tanto enojo, que yo hubiera pasado el resto del día tratando de complacerte, para que al final, ninguno de los dos recordara cual había sido el motivo de nuestro disgusto. Después, te hubiera tomado del brazo para guiarte con mis pasos hacia la calle donde se encuentra la tienda a la que nunca has entrado, pero de la cual disfrutas contemplar sus vitrinas. Entonces, como de locos, hubiera comprado los capuchinos que tanto te gustan y te hubiera invitado a sentarte en la banqueta para contemplar juntos las vitrinas de esa tienda.
Ayer, a pesar de la lluvia, me detuve frente a las vitrinas de la tienda que tanto te gusta, donde nunca has comprado nada, pero ante las cuales podrías pasar toda una tarde. Nunca me atreví a preguntar porque te gustan tanto esas vitrinas, y ahora, creo que jamás te lo preguntaré porque al poco rato de ver mi reflejo en sus cristales, empezó una proyección que mejor no te cuento, que quizás tu has visto también...
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Una cuadra atrás estuve a punto de preguntar el motivo de tu silencio, sin embargo, creo que después de tantos años se vuelve inútil preguntar. Tan sólo me dejé arrastrar y busqué dentro de mí la única respuesta posible, no hay nada que explicar cuando lo que te mueve se siente a flor de piel. Imagino que tus pasos, siempre tan firmes y seguros, saben hacia dónde dirigirse, sobre todo, ahora que hemos vuelto a cruzar nuestras miradas. No, lo que se siente dentro más vale callarlo. Tu pelo se mueve con el viento y tu rostro parece molesto al tener que librar sus caricias, ¿demasiado fuerte?, qué importa, algo dentro de mí dice que te gusta. Nunca has sabido mentir, ¿lo ves?, creo que a pesar de todo sí que te he llegado a conocer, aunque tus gestos pretendan lo contrario. ¿Quieres más?, por supuesto, sé que te molesta que dirijan tu vida, lo sé por tu silencio, por la manera en que volteas a verme, arqueando la ceja izquierda al momento en que frunces el ceño, tu perfil tres cuartos, tu mirada luchando por ser dominante y rematas sonriendo pícaramente como tratando de decir que aun soy muy infantil para entender lo que tienes que decir. Yo sigo tras de ti, negando lúdicamente la dirección de tus pasos. Prefiero estar detrás de ti, siempre, antes que adelantarme a tus miradas. Sé hacia dónde vas, pero pienso que es mejor engañarme y callar, para guardar un poco de aquel misterio que aun nos queda. Siempre tuve miedo de que se agotara lo inesperado, de que entre nosotros se acabara la pasión, de que al ver tu cuerpo no sintiera mas que asco y repulsión. Así que prefiero guardar silencio para protegernos de la perdición. Así es, yo que siempre juré tener los hilos del juego en mis manos, ahora, calladamente he decidido que jamás ha sido verdad. No me espanta la idea, por el contrario, me encuentro bien, pues he logrado por fin deshacerme de aquel inútil vicio de llegar al fondo de todo, soy silencio que lo envuelve todo, a la pasión no se le entiende, tan sólo, se le deja entrar.
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Cuando los empleados de la tienda apagaron las luces de las vitrinas, nosotros todavía, seguíamos ahí, sentados sobre la húmeda banqueta, no sobre la banqueta mojada por la lluvia y sobre la cual yo estaba parado, sino la banqueta del reflejo mojada por las últimas lágrimas que pudimos derramar en compañía, a lo lejos, tu de mí y yo de ti. Entonces miré a mi doble fijamente a los ojos, le sonreí y le convidé a irnos. El doble se levantó y cruzando el cristal se incorporó a mi cuerpo. Tú te quedaste sentada, sobre nuestras lágrimas, en el último reflejo de nuestro amor. Cuando volví la cabeza por impulso, por nostalgia, el único reflejo que pude ver sobre los cristales fue una luz de neón roja, como la de esos hoteles de paso que tu siempre odiaste. ¿La forma? Un signo de interrogación.
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Al final, recuperé la parte de mí que sin saber, estaba en tus rincones. Ahora, quedan abiertas las puertas de aquel espacio donde gestamos realidades transfiguradas, donde nunca habrá un vacío porque al menos nos queda el aire y donde nuestras pieles por más próximas, jamás serán una misma. No sé si volverás, no sé si estaré junto a ti cuando regreses. Una vez más, signos de interrogación en medio de los dos.
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LA MADRE TIERRA


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Anteriormente lo intenté dos veces, las mismas dos veces que la tierra chupó mis pies para que no pudiera andar más, es como si la canija se enojara conmigo por atreverme a ver más allá del horizonte, y entonces, de puritito coraje, me deja atorado para no poder andar más. Cada paso hacia adelante significa descender y nunca he llegado más allá de las rodillas porque siento el terror que paraliza mi cuerpo, siento el sudor frío que emana a gotas de mi cabeza y escurre por todo mi cuerpo, gotas de sal que mojan mis ojos y endurecen mi cuello, más nunca, he cerrado los ojos, porque cuando la sal me cristaliza la mirada puedo ver más allá del horizonte, y veo gente, y casas, y muchas cosas más, tantas que no alcanzo a contarlas, pero sobre todo, lo veo a él, más sin embargo, al detenerme en sus ojos para guardármelos aquí mero, arribita en mi cabeza para no olvidarlos, la tierra se zangolotea y la sal cae de mis ojos, es cuando me doy cuenta que hasta mis calzones están hechos agua. No señor, si andando no he podido pero soñando a veces. Imagínese, nomás de pensar que si sigo para delante la tierra me tragaría todito, para no andar, para que se me trepen las hormigas y arranquen mis ojos a mordidas, para que me devoren los buitres, no señor, mejor camino pa tras como cangrejo pa que la tierra se afloje y acaricie mis piernas, despacito. ¡Canija tierra! Se pega a mi oído y me susurra quedito —¿porqué te vas Felipe? Si aquí tienes todo lo que necesitas, no me traiciones porque si no te hundes. Y la verdad, pues mejor no le busco. Aquí tengo todo lo que necesito. ¡Fíjese usted aquí merito! Antes no estaba así de verde, ni los nogales ni la hierba, ni aquellas flores ni aquel arroyo. Toditito alrededor era un yermo, pura arena, pero la tierra ha recompensado mis lágrimas. Todo empezó la primera noche del primer día en que intenté mirar más allá del horizonte, cuando lloré, lloré y lloré hasta casi quedarme seco y la tierra sorbió mis lágrimas, ¡y qué iba yo a imaginarme! Fíjese usted que de tanto llorar se cansaron mis ojos hasta caer dormido. A la mañana siguiente esta hermosa luz dorada despertó mi cuerpo acariciándolo, el polvo se convirtió en sal de plata, las hojas de los árboles en violines y el arroyo en mil arpas, el viento sólo sopla cuando lo deseo y la lluvia es de piloncillo y canela. Empezó la yerba a crecer por todos lados y no me quedó más remedio que seguir llorando de alegría. ¡Imagínese! Cuando iba yo a pensar que tanto dolor se convertiría en algo tan bello.
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El otro día quise soñar con él, y usted dispensará, pero, quería sentir las cosquillas entre mis piernas y quería que mis tripas se alborotaran y que mi corazón saltara de alegría. Para luego caminé hasta donde la yerba se acaba y al dar el primer paso fuera, sentí como la tierra empezó a tragarme y no paré hasta que la tierra llegó a mis rodillas. Sentí el terror, me paralicé y comencé a sudar. Mis ojos se llenaron de sal y pa pronto lo vi, lo vi completito. Vi su casa de piedras, su milpa, él estaba junto al pozo que divide su parcela sacando las aguas de mi cuerpo ¿qué cómo lo sé? No sé señor, yo sólo lo supe al verlo, y entonces, el muy canijo ¡ay señor! ¡Tápese los ojos! Se quitó el calzón y mojó su cuerpo con las aguas de mi cuerpo. El agua corría de mi cabeza a sus pies, resbalaba lentamente como si no quisiera dejar de tocar aquella piel cobriza curtida por el sol. Mis manos temblaban de gusto, deseosas de bañar aquel cuerpo macizo, labrado por largas jornadas. Sus brazos subían y bajaban como las aspas del molino de la vieja hacienda donde crecí para mojar su cuerpo, sus manos tallaban su piel de cobre marcando el cauce de mis aguas. De tanto insistir la humedad entre sus piernas, fue inevitable ¡que la víbora despertara! Altiva, levantando su lengua hacia el sol, escupiendo su vapor a borbotones y manchando la selva negra de su bajo vientre. Sentí los calambres que nacieron entre mis piernas recorrerme las carnes, al punto de confundir la vida con la muerte y la muerte con la vida. De no ser porque la tierra me tenía preso hasta las rodillas, le juro señor, hubiera perdido el horizonte. Toditas mis carnes se aflojaron y los dientes me rechinaban como a la puerta de la podrida verja le rechinan las bisagras. Perdí la noción del tiempo y del espacio hasta que me di cuenta que mis brazos se dolían del cansancio por haberlos alzado de puritito gusto cuando mis manos pedían alcanzarlo.

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Ayer tuve otro sueño después de llenar mis ojos de sal, lo vi arando la tierra de su parcela, lo vi secándose el sudor de su frente con la manta de mis cabellos. Lo vi con la fuerza de cien caballos jalando el barzón de sus ganas, lo vi con el torso desnudo y su calzón de manta, pude ver sus pies desnudos, tan desnudos. Mis brazos se alzaron de nuevo porque mis manos querían alcanzarlo como si de puras ganas pudieran salvar la distancia, el yermo arenoso, entre él y yo. Entonces, me di cuenta que mientras más se empeñaban mis manos en alcanzarlo mayor era la distancia entre los dos. ¡La tierra de nuevo se encanijaba! Una suave brisa contuvo mi enojo, era él, él que por vez primera buscaba mi mirada, él que por fin había reparado en mí, él, con la mirada llena de sal. Cuando nuestros ojos se engancharon, la tierra dejó de temblar y todo se detuvo por una fracción de segundo, el día, la noche, la vida, la muerte, las nubes, los ríos... la única interacción posible fue la nuestra y en ese instante, percatándose él de que la tierra me tenía aprisionado y que mis manos no podrían alcanzarlo ¡rompió la sal de sus ojos! y sin voltear la vista hacia atrás renunció de tajo a todo lo que le ataba, dejó su tierra y se echó a andar. Corrió desnudo bajo el hiriente sol alzando los brazos para alcanzar mis manos, día tras día y luna tras luna bebiendo el agua de mi sudor. Al fin, cuando creímos haber roto el embrujo, a tres varas de donde se acaba la yerba, él cayó rendido buscando las últimas gotas de humedad en mi boca, ni yo pude dárselas ni él alcanzarlas ¡se las chupo la tierra! Yo caminé hacia atras como cangrejo para que la tierra se aflojara y tanto se aflojó que hasta el cuerpo cobrizo, de él, se hundió. Yo regresé al jardín y al voltear hacia el arroyo, ya estaba usted aquí.

martes, agosto 11, 2009

11 DE JUNIO DE 2009

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ANTES DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE GABRIEL MEDINA DONDE PARTICIPÉ EN UNA REPLICA....

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Hoy por fin me decidí a enfrentar mis fantasmas regresando a este espacio tan mío, tan íntimo. Tengo unas ganas encabronadas de llorar y tengo el nudito en la garganta, una apatía tan enorme que apenas puedo escribir. Mi cerebro gira tan deprisa que no puedo acomodar las ideas y mucho menos me da tiempo de escribirlas... Me dedicaré a contemplarlas. Tengo ganas de insultarme, de herirme, de llenarme de mierda y dormir la victoria abyecta. No fui al cumpleaños de Emilia porque me quedé encerrado en mi mundo todo el fin de semana, oliendome los pedos y el sudor trasnochado, dejándome oler por un hombre que dice amarme. Me quedaré pensando como el hombre de esa foto, con la mirada perdida, de manos fuertes y ego frágil, como él, sentado en el abismo de sus penas, tratando de parecer alegre aunque la muerte lo ronda por dentro.

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martes, abril 21, 2009

Subterráneo 5

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14:41 hrs. Tacubaya- estación de enlace con otras líneas - subterráneo ciudad de México.
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Se levanta para acercarse a la puerta de salida sin quitar su mirada de mi, sin apartar ni un segundo su mano de ese bulto que de ganas quiero mío. Tras de él me coloco para asirlo y no dejarlo escapar, para hacerle entender que me gusta y quiero todo con él... Y esforzándome por abatir el miedo, el pudor, la pena y el desconcierto me atrevo a tocarlo, a aprehenderlo. Mis brazos chocan incautos sobre si mismos y entre ellos, la nada. Ni un rastro de aquel chacal, ni un rastro mínimo de particulas sudorosas, vergozas, entrepiernudas, axilares, mucho menos la sensación de su aliento que anhelaba sobre mi rostro. Nada...
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Una masa de gente me empuja sin piedad hacia afuera, me quedo absorto y solo entre la muchedumbre, soy un solitario sobre ese anden que se dibuja infinito.
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Subterráneo 4

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14:39 hrs. San Pedro de los Pinos-linea 7- subterráneo ciudad de México.
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Nuestras miradas siguen enganchadas y mi cuerpo suda en sus rincones. Mi verga esta tan empapada de lubricante, que en mis jeans se dibuja la silueta de mi verga con una mancha liquida. La sangre recorre mis venas impaciente y se dilatan mis sienes, quiero escapar con él, recorrerlo de norte a sur, mojarlo con mi saliva, restregar mi sexo en su cuerpo, olerlo, tenerlo para mí, entero y jadeante, quiero que restriegue sus axilas sobre mi jeta y deje por horas su aroma en mi piel. Necesito que hunda su verga en mi culo y me deje saciado, cansado y con los ojos en blanco. Necesito de él para vivir, tanto como de el aire o el agua.
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Subterráneo 3

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14:36 hrs. San Antonio-linea 7-subterráneo ciudad de México.
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El calor del vagón, de las docenas de pasajeros ensardinados, se confunde con el calor de mis adentros. Mi calzón está empapado de lubricante y mi verga más dura que los tubos que sirven para sujetarse, mis huevos sudan y cuelgan distendidos. Gotas de sudor que nacen de mi testa recorren gustosas mi cara y nuca, empapando dulcemente mi cuello y lubricando mi piel. Restrego excitado mis axilas y mi entrepierna... El chacal no quita la mirada de la mía.

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Subterráneo 2

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14:33 hrs. Mixcoac-linea 7-subterráneo ciudad de México.
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Finjo aburrimiento al llegar a la siguiente estación, nadie se animó a provocarme a pesar de la insistencia de mi mano que dibujaba sugerente la silueta de mi verga parada. Sube mucha gente, entre ellos un cabrón con cara de maleante, un chacal. Su mera presencia dispara mi alocada imaginación que en breves espacios construye la pasión de un cuerpo metido en mis ganas, trato de imaginar su olor, el aroma de sus axilas y la humedad de su entrepierna, me veo lamiendo su piel de pies a cabeza y aún más, veo mi jeta clavada en su pubis restregando sus pelos para absorber el delicioso aroma que se desprende y al fin preparar su lanza con mis labios, metiéndola en mi hocico para afilarla y endurecerla al máximo, ritual premonitorio de la estocada final al culo, mi culo. Absortos en su viaje, en el letargo de una tarde calurosa y con el hambre a cuestas, aquellos pasajeros no se percatan de mis ganas ni de las ganas del chacal.
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miércoles, febrero 25, 2009

Subterráneo 1

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14:30 hrs. Barranca del muerto linea 7 -subterráneo ciudad de México.
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Abordé el último vagón del metro en la estación terminal de Barranca del Muerto empapado de sudor y destilando ganas de chacal, tras el zumbido chillante que avisa el cierre de las puertas y arrullado por la marcha del tren conté los pasajeros que abordaron. Con mirada sigilosa buscaba incesante, mientras la sangre hervía, la mínima señal que provocara mis ganas casi incontenibles, cualquier movimiento sospechoso, cualquier mirada complaciente, cualquier roce fuera de lugar, cualquier mano suelta sobre la bragueta de algún pantalón, cualquier bulto hinchado, cualquier apertura de piernas que dejara ver el roto de los jeans de algún insolente provocador pero sobre todo, el trasfondo de ese roto, a veces envuelto en calzones y a veces al natural.

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CENIZAS

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Muchas veces los hablamos, muchas veces le dije que lo nuestro marchaba mal. Desde aquel primer momento en que pidió que borrara la foto que tomé con mi celular supe que nuestras vidas jamás estarían unidas, ni por una foto. Después los reclamos, las inseguridades, los celos a destiempo, los olvidos, la desgana. Siempre necesitabamos de un tercero o un cuarto para comunicarnos, triangulaciones perversas que hondaban cada vez más nuestra distancia. La intimidad siempre mojada de alcohol, la pasión borracha, el deseo crudo.

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Después de tres meses nada sabemos el uno del otro, ni mi piel reconoce su piel, ni la extraña, como tampoco su olor se grabó en mis neuronas, de olerlo no sentiría nada. Ambos nos matamos, nos anulamos, nos desaparecimos. Ambos nos convertimos en cenizas, en polvo, pero ni siquiera eso bastó para ungir nuestros destinos o será, la cuaresma del desamor.

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miércoles, enero 14, 2009

SILENCIO ATROZ...

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Sólo dos cristales acuosos manchan la oscuridad de aquel momento de epiléptica sobriedad... ¡Plop! ¡Plop! Desmarcan sus lágrimas el silencio sobre el suelo. Mirando hacia un horizonte incierto sus puños rabiosos dosifican el goteo de su pesar, lo contienen y sólo desbordan dos gotas cuando de tanta fuerza aquellos puños sueltan su furia para no fracturar sus dedos. No sabe pensar, sólo siente la fractura en su miocardio que traduce en rabia y desesperación antes que en dolor y pena. No hay tiempo para dolores ni lástimas, se lo prometió. No hay tiempo tampoco para las memorias y los recuerdos, el pasado es algo muerto, inerte, inamovible pero no puede evitar que su vida compartida se proyecte en la gran pantalla de su imaginación y aunque cierre los ojos, las imágenes perduran. Aunque cierre los ojos y apriete con furia los puños no puede evitar que la tristeza líquida de su dolor se desborde sin control. Grita hacia dentro para no romper su promesa, grita hacia dentro y limpia desesperadamente la humedad de su rostro pero mientras más seca más se moja. Apenas solloza y balbucea notas chirriantes desde sus labios y en una ventisca de aliento revuelve la sal con saliva y se deja caer sobre sus rodillas mientras sus puños golpean el suelo. Nada mancha la oscuridad, excepto dos cristales acuosos...
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lunes, diciembre 29, 2008

PATRICIA

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Tus visitas estimulan mis sentidos y mis ganas de decir... espero k para ti también el tiempo que viene y se acerca sea un nicho de dulce ternura, donde tus palabras se vuelvan fuertes y arrebatan contra la necedad...
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Te quiero desde acá... Siempre.

YAKO Y ERNESTO...

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Cuando Ernesto mira a Yako es inevitable que su corazón lata deprisa...

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Ernesto mira a Yako con toda la ternura reactiva posible de un abyecto, sabe que su hombre, su niño, evoca la inocencia reactiva de un diablo. Lo mira siempre, como si fuera la última vez que lo hiciera, lo mira siempre, desgarrando sus entrañas de tanta fuerza. Sus brazos colgando a sus costados muestran la indefensa actitud de sus ganas, su cuerpo inerte es la respuesta a sus anhelos, desear a Yako platónicamente. Sólo sus puños cerrados y temblando como piedras calientes dejan ver que su pasión arde, contenida. Yako esquiva las miradas de Ernesto, no sabe, no puede. Tímido reclama la intensidad de esos ojos cristalinos mientras lucha por no sentir la corriente que le recorre de pies a cabeza y que humedece sus ganas. La entrepierna de Yako crece furiosa buscando los besos de Ernesto, su olfato. Jamás podrá olvidar las sensaciones de una nariz hurgando entre sus pliegues, lo desea tanto y a la vez siente tanto miedo que de vez en vez, huye de él. Yako quiere a Ernesto, lo quiere terrible y subjetivamente desplegando su amor sobre un manto de contradicción y oscuridad furtiva. Lo quiere con las ganas de un hombre con corazón de niño, hilvanando sutilezas y bondades, pequeños detalles de un gran luchador. Yako silente regala a Ernesto sus hermosos ojos, esa mirada humedecida por la alegría contenida, por la alegría que no debe, no puede quebrarse hacia afuera. Ernesto sabe apreciar la escondida fuerza de ese amor tan grande y abre un hueco en su pecho para resguardarla de un mundo salvaje y hostil. Ernesto ama a Yako con todas sus fuerzas.

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Juntos caminan de la mano, mirándose a ratos y tratando de encontrar la respuesta para convertir su pasión en ternura extrema.

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miércoles, noviembre 19, 2008

VISITANDO A PATRICIA QUIEN A SU VEZ VISITÓ A MARIA...

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Eso del futuro no es un tema serio.
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Generalmente Camilo se refugiaba en su cuarto para dejar pasar las horas y, cada vez más seguido, tomaba cinco o seis caballos de tequila para tranquilizarse y poder dormir. Sergio, su amante, siempre le recordaba que era ilegal e inmoral hacerlo y que pagaría al fin su imprudencia, pero él, no lo veía así. Camilo en sus noches se deshacía entre las ansias y las sábanas empapadas de sudor y luego incorporándose a medias encendía la luz, eran siempre las tres de la mañana y se había vuelto un ritual. Luego, Camilo se posaba junto a la ventana con el torso desnudo y miraba perdido en la oscuridad y volvía a tomar cinco o seis caballos de tequila para conciliar el sueño. Por las mañanas, despertaba cobijado por un halo de miedo y de piedad, se veía envuelto en un infierno indefinido, recurría entonces a su biblia, pero era en vano, no todos la entienden y Camilo era uno de ellos. Sergio, su amante, como siempre a su lado, motivaba la paz de su amado. Camilo sentía no progresar, era una sistemática representación de somnolientos objetivos a cumplir. A través de los cristales empañados de su cuarto y la densa lluvia, Camilo contemplaba el reflejo del enorme edificio donde habitaba y para él, sólo era una sombra salpicada por las tímidas luces de la ventana, que su amante iluminaba a diario. El frágil Camilo soñaba insisténtemente con entrar al amplio vestíbulo de la planta baja, semialumbrado por discretas luces indirectas para luego traspasar la puerta de su cuarto y ser recibido por hermosos y viriles ángeles vestidos de blanco que extendiendo sus manos le ayudaran a encontrar la tan preciada paz. Los instantes consumían la piel de Camilo. Aquella noche su bello rostro rodó sobre la almohada, sus manos crispadas como pequeñas garras padecieron un temblor espasmódico. Luego clavó sus ojos en su amante, una mirada súbitamente vivaz, suplicante, que parecía emerger desde un pozo sin tiempo y aferrarse ávida a las pupilas de su libertad. Salió al pasillo con paso vacilante, su sangre corría en todas direcciones agolpándose en un remolino dentro de sus venas; su amante, como de costumbre, estaba a su lado. Camilo sólo deseaba ser feliz. El enfermero llegó en ese momento acompañado por uno de los médicos internos, éste lo sostuvo por la cintura y se ofreció a llevarlo a su cuarto nuevamente. El frágil Camilo se esforzó para reponerse y pidió a su amante que le ayudara, pero esta vez su amante se contuvo de responderle, el médico le recordó que estaba en la clínica neurosiquiátrica De La Castañeda y que su amante había muerto hace dos años bajo sus propias manos al clavarle un puñal en el corazón cuando lo sorprendió infiel junto a otro hombre. Los recuerdos, las imágenes, las palabras del pasado se agolparon en su mente y podía sentir el latido de sus sienes a medida que intentaba orientarse en la oscuridad. Frente a él, en la pared opuesta, se advertía la silueta confusa de su amante y su voz diciendo: Camilo recuerda que lo que haces es ilegal e inmoral y algún día pagarás tu imprudencia, pero él no lo veía así...
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Esta es una modificación del escrito original. Dedicado a Patricia, mi amiga...
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SIN TITULO...

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Estas son unas estrofas del enrique un cabrón bloguero que me gusta visitar de vez en cuando y neta, son estrofas que me hicieron sentir chingónamente, algo de lo más hermoso que he leido últimamente...
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Se las robé de su blog y aquí les dejo el link para k se deleiten con sus locuras http://el-enrique.blogspot.com/2008/11/sin-ttulo.html
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Sin titulo
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mírame,
no mires más al cielo,
mírame a mí.
en mis ojos,
están todas las estrellas,
en mi mirada,
está el frío de la noche más oscura.
no sientas más la tierra,
ni tampoco el lazo que te sostiene
con el vértice más alto,
sólo mírame.
en mis ojos
está el sol.
en mis ojos,
está el mar,
en mis ojos
está el odio ensordecido
y la furia de las bestias.
mírame.
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INFORME SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES LESBIANAS Y BISEXUALES

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. Musas de Metal, grupo de mujeres LGBT
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Ayer fue un día muy especial en la vida de Emilia y Paulina (integrante y fundadora respectivamente del grupo de mujeres LGBT Musas de metal) pero sobre todo, en la vida de tantas y tantas mujeres lesbianas y bisexuales en México. Después de casi dos años de arduo trabajo se presentó públicamente el Informe que da cuenta de la situación de los Derechos Humanos de las mujeres lesbianas y bisexuales en la Ciudad de México. Mis dos amigas, compañeras de jornada y cómplices me invitaron a participar en un proyecto que de antemano se antojaba todo un reto, en primer lugar porque el diseño y la metodología se circunscriben dentro del enfoque crítico y cualitativo de la ciencia, en segundo, porque las construcciones de género e identidades femeninas, aún, se despliegan desde una matriz de poder patriarcal que niega e invisibiliza el sometimiento de las mujeres normalizando la violencia de género, y en tercero, porque las características de la población objetivo de dicho informe hacen de por si, difícil su acceso. Yo sólo participé en la primera fase del proyecto colaborando en el diseño del protocolo de investigación, la parte dura de la metodología y realizando y transcribiendo algunas de las tantas entrevistas que se realizaron. La mayor parte del trabajo y creo yo, la más complicada y ardua, fue realizada por mis dos amigas.




Todo comenzó una tarde de primavera sentadas las tres en un café chiquitito que está frente a la Alameda Central de la Ciudad de México. Platicábamos sobre los proyectos que íbamos a realizar ese año, sobre las financiadoras internacionales que nos iban a dar los dineros para llevar a cabo las investigaciones y sobre como nos sentíamos trabajando juntos. De repente, las tres coincidimos en algo, no existe ningún instrumento, informe o estudio que de cuenta de la situación de la violación de los Derechos Humanos de las mujeres lesbianas y bisexuales. La mayoría de los informes documentan los abusos cometidos contra varones y muy rara vez hablan sobre aquellos cometidos contra mujeres y cuando se documentan, son matizados de un amarillismo repugnante. Así surgió este proyecto, con el ánimo de dar voz y presencia a un grupo que además de ser vulnerable por la condición de género, lo es además por la condición de su orientación sexual.




Gracias Paulina y Emilia por ser mujeres que gritan fuerte, por pintarse como flores de primavera en un invierno que no puede congelar sus voces. Felicidades por culminar un proyecto que sé es sólo el principio de una gran lucha. Sigan Musas de Metal conquistando espacios y territorios, desplieguen su subjetividad en los ríos intersubjetivos de la razón y el alma. Enhorabuena para todas las mujeres que ven en otras la razón de sus ganas.

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